Un centímetro más adelante: un llamado al jardín oculto




Aun estoy pensado en lo que más abajo te escribiré. Creo que la noticia que me diste ayer me tomó por sorpresa, y todavía la estoy procesando.
¿Quién lo diría? Pero el “momento” llegó. Todo lo que a continuación te escribiré son unas pequeñas reflexiones que te puedo compartir de mi vivencia y experiencia dentro de este nuevo camino. No pretendo instruirte ni mucho menos adoctrinarte. Esa labor no me compete.

Te escribo no como alguien que haya recorrido mucho, ni como alguien que sea el mejor, ni como alguien que tenga una basta experiencia, ni como alguien que lo sepa todo. Todo lo contrario, te escribo desde mi corto caminar, desde mis fracasos y errores, desde mi torpeza e ignorancia. Te escribo como alguien que va “un centímetro adelante”, porque ni siquiera es un metro o un paso, sino solo un centímetro. 
  
En nuestro caminar cristiano todos tenemos diversas vivencias y experiencias. Algunas alegres, otras tristes. Unas con victorias otras con fracasos. Pero lo relevante es que seguimos en el camino, y eso es lo que vale.

De lo poco que he aprendido en esta “instancia”, hay algo que considero de una relevancia inconmensurable: la dependencia total del creador.
Ya no es el predicador quien decide el mensaje a entregar, sino que es Dios quien lo decide. Y para eso, el vaso debe estar atento y oír muy bien la voz del alfarero. ¡vaya nuestra sordera que no escuchamos su voz!
Ya no es el predicador quien decide como conducirse, sino que es Dios quien conduce – o debiera- totalmente sus pasos. Y para eso la vasija debe dócil para dejarse guiar por su hacedor. ¡vaya nuestra terquedad que no nos dejamos guiar!

Ya no es el predicador quien establece los límites, sino que es Dios quien “raya la cancha” y que ya no nos permite licencias del pasado. Y si las transgredimos, no se tardará en volvernos a nuestro lugar.
No te asombres si muchas veces te quedas sin palabras, ideas o pensamientos, porque será en ese momento que experimentaras la dependencia del creador.
No te extrañes si muchas veces tengas que entregar una palabra que no comprendes del todo, porque será Dios quien te dará la claridad.
No se desesperes cuando Dios cambie la palabra que habías preparado con antelación, porque en ese momento será Dios quien entregará su palabra, porque fue él quien la dio.

He entendido que esta responsabilidad no significa privilegio. Todo lo contrario, es una gran carga que se debe llevar guiado solo por nuestro hacedor, o sino al mes querrás desertar de la investidura.
Es una labor que se debe llevar con total humildad y mansedumbre, entendiendo que es Dios quien la ha depositado en nosotros. Nunca mirando a los demás por sobre el hombro ¡nunca! Siempre considerando a los demás como superiores a nosotros, pero enserio hay que hacerlo.
Esta labor significa servicio. Es decir, el “vaso” se transforma en el primer servidor de sus hermanos. Procurando siempre buscar el bien de los demás, y postergándose para el final.

Es en esta instancia donde Dios “cobrará” nuestras palabras. Tarde o temprano tendremos que vivir -y lo hará- lo que predicamos. Y cada palabra anunciada cobrará su efecto.           
Recuerda que tu predicación más importante no es lo que digas en el pulpito, tu mayor predicación será tu testimonio – carácter. Si pierdes esto, lo perdiste todo.

Una predicación en la iglesia le corresponde al predicador una vez a la semana. Pero la predicación de su carácter, le corresponde todo el día, todos los días, toda su vida. ¡vaya qué predicación!
Finalmente, menciono lo siguiente: soy consciente que piensas que la mayor “lucha” para ti será tu desempeño en el grupo de tus pares. Porque tendrás que enfrentarte a tus compañeros de milicia, quienes ya te conocen, y saben quien eres. Y es probable que a muchos no le agrades – nada nuevo para un varón de Dios. Yo también lo pensaba así, pero estaba equivocado.

Porque esa sensación – dolor estomacal- con el tiempo desaparece, si procuras guardar tu paso en el grupo (bromas, chistes, burlas, etc). Pero lo que no desaparece – y nunca lo hará- será la lucha contigo mismo. Y te confieso que es la más ardua lucha de todo varón de Dios (lo digo desde la inexperiencia, pero no creo estar equivocado), es sin cuartel, sin tregua, sin compasión, es una guerra a muerte. O sales victorioso – ayudado del Señor- o te hundes en la miseria y vergüenza. ¡Dios nos ampare!

La mayor lucha es mantenerse fiel a Dios cada momento. La mayor lucha es tener que negarse a un mismo, y renuncia a nuestros apetitos carnales. La mayor lucha es guardar la santidad en la mente, cuerpo y espíritu.

Todo esto que te he podido comentar no es ni el 1% de la labor que pasas a desempeñar. Solo lo comento desde mis primerizos pasos en el asunto.
Estoy completamente seguro de que hay un gran “jardín memorable y hermoso” que Dios tiene reservado para los que con ansias y decisión se entregan completamente a él, renunciando a si mismos, para permitir ser guiados a ese jardín oculto que esconde los más grandes misterios que el hombre puede descubrir.

¡Te invito a que entres a ese jardín y descubras lo que Dios tiene para ti!
Aleluya! “Aviva tu obra en estos tiempos”.

Con cariño y aprecio.
Vuestro servidor. 
                                                                                                              05/10/18

Cuando Amplias fue puesto para servir a los suyos



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