El Faro ¿providencia o coincidencia?


El Faro ¿providencia o coincidencia?

A veces la voluntad de Dios es inexplicable. No la podemos entender. Y si algo entendemos es solo una minúscula parte de ella, son solo “las orlas de sus vestidos” Sin embargo, al final de cuentas dicha voluntad termina siendo perfecta… en todo sentido. Estoy maravillado de dicha voluntad. Es excelsa, inescrutable, inmensurable.

La verdad es que no sé si estamos al inicio, al medio o al final de este confinamiento. A veces pienso que estamos al final, otras veces al medio y algunas veces al inicio todavía. 
Pero, sin importar en la etapa en la que estemos, el tema es que creo,  en forma resuelta, que en estos últimos días hemos contemplado un pequeño haz de luz, hemos visto un fino rayo de sol que ha penetrado la densa penumbra que nos rodeaba. 

¿De qué estoy hablando?  Estoy hablando de un poder espiritual que en forma silenciosa está tocando corazones, que en forma encubierta está transformando vidas, que en forma imperceptible está moviendo los espíritus y amonestando las conciencias de las “Huestes de la fe” hacia la búsqueda de lo imperecedero.


¿Quién iba a pensar que en medio de un comedor, un dormitorio, una oficina, etc., Dios derramaría “las riquezas de su gracia” en forma tan abundante y plena? ¿Quién iba a pensar que Dios se valdría de lo “impensado” para darnos a mano abierta su bendición? ¿Quién iba a pensar que de esta manera totalmente innovadora Dios iba a consolar, fortalecer y alentar a su pueblo? ¿No es obvio? Sus caminos son más altos que los nuestros, de igual modo que sus pensamientos (Is. 55,9)

Me pregunto ¿acaso no estaba todo esto en la providencia de Dios? Claro que sí, lo estaba…desde siempre lo estuvo. No tengamos la osadía de pensar que es una improvisación. Porque no lo es.

Creo que al concluir este periplo mundial, el pueblo de Dios saldrá con una nueva visión, con una nueva disposición, y con una nueva canción (Sal. 40,3).

No sabemos aun cuándo las aguas se aquietarán, ni cuándo entraremos en la próxima tormenta. Sin embargo, aquello no importa. Porque ya hemos encontrado el faro que iluminará nuestra barca. Ese faro nos dará el consuelo, el vigor y la fortaleza para mantener la barca a salvo del naufragio. En verdad el faro siempre estuvo ahí, solo que para algunos recién está comenzado a ser visible. Ese faro es luz y vida, es aliento y fortaleza, es sanidad y reposo, es paz y alegría, es refugio y consuelo, ese faro es la Eterna Palabra de Dios!

En estos días, miremos el faro divino, cobremos aliento con su luz y esperanza con su vida, contemplemos sus promesas y bendiciones, hagamos nuestros los tesoros que contiene en abundancia.

No en vano, Robert Keene expresó esta profunda frase ¡Cuán firme cimiento se ha dado a la fe, de Dios en su eterna palabra de amor!

Escudriñemos, atesoremos, y amemos su Santa Palabra (Sal. 119, 81)

Te invito a oírla todos los días, al concluir la jornada  

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