Salid de en medio Pueblo mío: Una campanada de alerta
Salid de en medio Pueblo mío
Una campanada de
alerta
Noviembre 2019
¿Cómo deben actuar los cristianos
frente a todo lo que pasa en nuestro país? ¿En realidad debiéramos reaccionar?
Si la respuesta es afirmativa ¿actuaremos como ciudadanos terrenales o
celestiales? ¿Se puede actuar en ambas calidades? ¿Son incompatible la una con
la otra?
Frente a la contingencia social - política que vive nuestro país han
surgido muchas preguntas dentro del pueblo de Dios. Pero entiendo que la
principal pregunta es ¿Cuál es nuestro rol o papel dentro de este gran juego
social?
Antes de responder todas las preguntas que puedan surgir y que sigan surgiendo, debemos hacer una
pequeña pausa, y preguntarnos – nuevamente- en
base a qué criterios o fundamentos responderemos a las preguntas primarias.
Porque esto será crucial. Así que debemos elegir
a priori cual será el mapa que utilizaremos para embarcarnos en este mar
lleno de preguntas, con fuertes olas de confusión y con potentes vientos de
dudas.
De este modo, si elegimos el mapa correcto, llegaremos al puerto correcto. Empero si elegimos el equivocado, llegaremos al puerto
equivocado. Incluso si elegimos dos mapas, el peligro será aún mayor, puesto
que ningún mapa será igual al otro, y al final terminaremos extraviados de igual forma.
Entonces, como pueblo de Dios, debemos ser lo suficientemente
sensatos y prudentes para tomar todas nuestras decisiones y convicciones en
base el mapa divino, es decir, la sagrada escritura. Y en esto debemos ser
radicales. Por que la palabra de Dios no es un pensamiento dentro del gran espectro de
pensamientos modernos, no es simplemente una voz dentro de las muchas que
resuenan a la par de algunas cacerolas. No, de ninguna manera. La Escritura, es el único y principal fundamento de nuestra fe. Entonces, no podemos
cometer el atrevimiento de igualarla a las voces contemporáneas, o de mezclarla
o combinarla con ingredientes nocivos de sociología, política, ideologías
humanas, etc.
Porque al fin y al cabo, si tomamos la palabra de Dios, como una voz dentro
de muchas otras, estaremos propensos a caer en la trampa que la serpiente
antigua trabó para Adán y para Eva: llegar a cuestionar la palabra de Dios (Gen
3) “¿con que Dios os ha dicho no comáis
del árbol?”. Esta fue una trampa tan letal que hasta el día de hoy sentimos
sus consecuencias.
Así que, si queremos saber cuál debe ser la respuesta de un hijo de Dios frente al acontecer
nacional, debemos mirar de manera exclusiva
y excluyente la eterna palabra de Dios, la cual nos será revelada por medio
del Santo Espíritu. De manera que, si en mi respuesta, actitud, carácter, soslayo
o no considero la Escritura, aquellas serán simplemente respuestas contaminadas
por voces y opiniones ajenas al reino eternal.
Y es aquí cuando se evidencia uno de los grandes males dentro del pueblo de
Dios: la mundanalidad entrando en forma subrepticia al pueblo real (1 P. 2:9).
Porque es sencillo decir lo que pensamos, y es más, es emocionante cuando
vibramos con ello. Sin embargo, el punto es ¿podemos disociar la vida cristiana
del pensamiento cristiano? En otras palabras, ¿podemos separar el fondo de la
forma? Porque es fácil – y lindo- decir que somos cristianos, que vamos a una
iglesia, que pertenecemos a uno u otro ministerio, etc. Pero qué pasa cuando el
fondo no coincide con la forma, qué pasa cuando mi pensar no se condice mi
forma de vivir, qué pasa cuando digo que soy cristiano pero actúo como un no
cristiano.
Esto último tiene tres consecuencias negativas. La primera es hacia el
propio cristiano que vive de aquella forma, porque está cayendo en el auto
engaño, está pensando que puede seguir a dos señores, está pensando que puede llevar
un cristianismo a su manera, está pensando que puede tener un pie en cada
reino, está pensando que puede tener comunión con la luz y con las tinieblas,
está pensando que puede ser amigo de Dios y amigo del mundo, en otras palabras,
se está engañando a sí mismo. La segunda es hacia la iglesia, porque está
contaminado las labores sacerdotales que desarrolla dentro de ella, porque está
siendo piedra de tropiezo para aquellos débiles en la fe, porque se está
convirtiendo en una influencia nociva para los nuevos creyentes, porque está
dañando el testimonio de la iglesia, porque deja de ser ejemplo de la grey,
porque mancha su túnica sacerdotal, porque profana su vocación regia, porque se
constituye en enemigo de Dios (Stgo. 4:4). La tercera es hacia el mundo, porque
muestra la imagen de un pseudo cristianismo, porque le dice al mundo “se puede
ser cristiano a la manera de uno”, porque mancha el testimonio de Jesucristo,
porque tuerce el mensaje del evangelio, porque muestra un evangelio sin cruz (1
P. 1:15-16), muestra un evangelio anti bíblico, porque muestra un evangelio contaminado, de agua dulce y amarga, ni frió ni caliente (Ap. 3:16).
Entonces, estos son los peligros que existen cuando nuestro mapa no es el
correcto. Por tanto, para saber la reacción y respuesta de la
iglesia frente al acontecer nacional, debemos mirar el libro sagrado, y con la
ayuda del Espíritu Santo, sabremos qué hacer o no hacer, de qué manera, y en
qué tiempo. Así que, volvamos a la Palabra, busquemos la Lámpara divina (Sal. 119:105) y
alumbremos el oscuro camino que tenemos por delante…
Ahora bien, soy consciente que un Pastor - que admiro mucho- me diría “¿Por
qué debemos bailar la música que nos toca el mundo?” “Si el hijo de Dios está
continuamente buscando al Señor, leyendo su Palabra, buscando su divina presencia,
sabrá de inmediato lo que debe o no hacer, no será necesario que le andemos
diciendo si debe ir o no a una marcha o cosas por el estilo, ya que, el
Espíritu Santo de Dios le dará testimonio de las cosas que debe o no hacer”.
Con este escrito no pretendo responder todas las preguntas que puede haber
sobre el tema. Ya que, no tengo la experiencia ni el conocimiento suficiente
para dicha hazaña. Así, solo me limitaré a considerar a la luz de la
Escritura algunas preguntas.
¿Cómo debemos actuar los cristianos frente al contexto nacional?
La respuesta es simple y obvia, aunque muy profunda. Debemos actuar como cristianos. Pero ¿cómo actúan los
cristianos? Como Cristo, y ¿cómo actuó Cristo? Cristo actuó según la voluntad
de su Padre. Él dijo “hágase tu voluntad en el cielo como en la tierra”. En los
tiempos de Cristo, Jerusalén estaba bajo el dominio del imperio romano. Pero en
ningún momento vemos a Jesús tomar una posición política al respecto. No vemos
a Jesús alentando a las multitudes para sublevarse contra el imperio romano o
contra los líderes religiosos. Por el contrario, vemos a Jesús cumpliendo en todo tiempo su ministerio. La adversidad
judía y romana, no fue impedimento para que él cumpliese su misión. Así, lo
vemos orando en todo tiempo, anunciando el “reino de Dios y su justicia”,
sanando a los enfermos, multiplicando los peces y los panes, resucitando a los
muertos, etc. En otras palabras, Jesús estaba enfocado en su
misión. Y desarrollando su misión logró cambiar el rumbo de la historia del
mundo. Jesús tenía claro cuál era su labor , el lo dijo “El Hijo del hombre vino a buscar y
a salvar”. ¿Tenemos clara nuestra misión?
Pablo le dice a Timoteo que “debe orar por los reyes y por los que están en
eminencia” (1 Tim 2:2), pero es paradójico pensar que, aquellos reyes por los
cual ellos oraban, serían los que más tarde darían muerte a Pablo. Sin embargo,
aquello no anulaba el mandato divino.
¿Pero debiéramos reaccionar? Si la respuesta es afirmativa ¿lo haremos como ciudadanos terrenales o celestiales?
Sí, claro que debemos reaccionar. En realidad hace mucho tiempo que debiéramos haber reaccionado. Tal vez no estaríamos viviendo esto como país, si hubiéramos reaccionado a tiempo. Pero debemos reaccionar como Cristo reaccionó. Es decir, llevando todas las cosas ante Dios en oración. Hoy más que nunca la iglesia debe despertar, y comenzar a retomar su misión en la tierra “Luz en medio de las tinieblas” (Mt. 5:14) “Sal en medio de la tierra” (Mt. 5:13). Y para llegar a esto necesitamos con urgencia un despertar espiritual en nuestras congregaciones. Necesitamos un derramamiento del Espíritu Santo. En esa dirección debe actuar la iglesia hoy en día. No hay otra salida para la grave crisis espiritual que vive la iglesia, y que ha sido agravada con el acontecer nacional. Se supone que Chile es un país con un porcentaje entre casi del 20% de población evangélica (ver).
Pero ¿Cuánto de Dios y de su Espíritu hay en ese porcentaje de población evangélica? Hasta el año 2017 habían más 2300 iglesias inscritas (con personalidad jurídica) en Chile, y más del 90% eran evangélicas. Sin embargo, la cantidad de iglesias y de templos evangélicos, ¿es proporcional al avance del cristianismo puro en Chile? Lamentablemente no. Por eso Pablo decía a los hermanos de Colosas “Andad sabiamente para los de afuera” (Col 4:5).
Necesitamos en estos días, a la semejanza de Isaac “volver a abrir los pozos que han sido cegados por los filisteos”. Necesitamos abrir los pozos de la oración, de la consagración, de la búsqueda de Dios, de la humildad, de la sencillez, del compromisos incondicional con la obra de Dios, etc. Esa debiera ser nuestra reacción.
¿Debemos marchar? claro, pero a la oración y a la búsqueda de Dios, debemos hacerlo con premura y recogimiento. ¡No es tiempo de salir al campamento, sino de entrar al santuario! (Is.26:20)
A veces olvidamos que la Palabra de Dios dice de manera tajante, que somos “extranjeros y peregrinos” (He. 11:13) , “que somos nación santa, real sacerdocio, pueblo adquirido por Dios” (2 P. 2:9) “que nuestra ciudadanía está en los cielos” (Fil. 3:20) etc. ¡Qué lejos estamos de nuestra misión en la tierra! Muchas veces tendemos a enredarnos en los “negocios de esta vida” y nos olvidamos que de esta manera no podemos llegar a los cielos, nos olvidamos que de esa manera nunca agradaremos a aquel que nos tomó por soldado (2 Tim. 2:4).
En una oportunidad un alcalde de una comuna del gran Santiago, recriminó a un Pastor diciéndole “los evangélicos son los culpables del crecimiento de la delincuencia, de la droga, y de la maldad en Chile”, el Pastor muy consternado le preguntó por qué decía aquello, el alcalde respondió “Porque antes, donde ahora hay delincuencia, donde hoy día se vende droga, donde hoy día hay maldad, antes había un grupo de evangélicos predicando, y hoy día no están…”, el Pastor guardó silencio.
Es tiempo de reaccionar. Pero conforme al molde divino de las sagradas escrituras. Sin pareceres humanos, sin criterios o consejos personales, sin adornos ni tapujos, sin componendas, sin dobleces, sin apariencia, como dijo uno de los próceres del evangelio en Chile “la Iglesia (…) debe vivir hoy y siempre conforme al molde inamovible y eterno de las Escrituras, sin que haya en nuestras vidas y en nuestro ministerio otro evangelio distinto del que Jesús predicó y rubricó con su sangre en el madero de la cruz” (Hoover).
Concluyo señalando de que soy consciente que aún hay muchas preguntas y dudas
sobre el tema. Pero espero, que este sea el inicio para comenzar a cerrar el tema. Estoy seguro, que las próximas generaciones tendrán las mimas dudas. Y es nuestro deber legarles un mensaje firme y genuino. Estoy más que seguro que todas aquellas dudas sobrevinientes tendrán una respuesta
inequívoca en el “mapa divino”. Pero para entender ese mapa necesitamos estar
en armonía, comunión, y contacto permanente con el creador del mapa. Y si
llegaremos a extraviarnos de la ruta correcta por nuestra torpeza, falta de fe, de comunión, y
terminaremos pisando alguna isla o tierra extraña, no se tardará en decirnos
con voz potente y tronante “salid de en
medio pueblo mío, no toquéis lo inmundo” (2 Cor. 6:17)
SDG.

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