¿Qué nos está pasando?: la realidad de la juventud cristiana contemporánea
¿Qué nos está pasando?: la realidad de la
juventud cristiana contemporánea
A lo largo de la historia del
cristianismo bíblico, es notorio ver cómo Dios trata con el hombre de una
manera especial, y esto no solamente en un aspecto de la vida humana, sino en
todas las facetas de la misma. De hecho, es posible apreciar como Dios trata
con el hombre desde su nacimiento, infancia, adolescencia, juventud y adultez
(ej. José, Moisés, Abraham, etc.). Todo esto, mostrando la gran importancia que
Dios le da a la “corona de su creación”.
Y entender esto es de crucial importancia
en la vida de un creyente. Creer que Dios solamente trabaja en el hombre cuando
éste ya es maduro o avanzado en edad, es una percepción errónea de proyecto que
Dios tiene para el hombre. Vemos en la escritura cómo Dios comenzó a trabajar
desde muy temprano en la vida de muchos varones y siervos de Dios, como José,
Moisés, David, Daniel, entre otros. En
libro del profeta Jeremías, nos dice la palabra de Dios “...”, más adelante
observamos la tremenda obra que Dios desarrolló en el joven apóstol Juan, y
como broche de oro - de cómo Dios trabaja desde temprano en la vida del hombre
- tenemos la vida del joven pastor Timoteo, que a su corta edad fue instrumento
útil en las manos del Dios Altísimo.
Si pudiéramos explicar cómo Dios
trabajó en la vida de cada uno de estos hombres, creo que tendríamos que
dedicar mucho tiempo para realizar un fino análisis de la tremenda obra de
Dios. De los ejemplos recién expuestos podemos observar: la tremenda
importancia que Dios le da a la juventud en todo su ámbito ¿Por qué? Sabido es
que, en esta etapa de la vida, se toman decisiones
de mucha importancia y de gran envergadura que nos pueden afectar para todo el
resto de nuestra vida, ya sea, para bien o para mal. Es en esta etapa donde se
elige la carrera, profesión, o la labor en la que se quiere desempeñar el resto
de la vida; donde se elige el o la acompañante con quien se formará una nueva
vida y familia; en donde se eligen el círculo de amistad con los que
eventualmente se formarán lazos para toda la vida; y muchas otras decisiones
que se podrían mencionar.
Ahora bien, con lo recién dicho
¿será importante para Dios trabajar en esta etapa de la vida humana? ¿tendrá
Dios algún interés en las decisiones que se tomarán en este periodo? Creo
firmemente que la respuesta es afirmativa. Vemos que la palabra de Dios nos
dice: “Si Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican;
Si Jehová no guardare la ciudad, En vano vela la guardia.” En otras palabras, si Dios no está
en medio de mis proyectos, de mis decisiones, de mis metas, de mis sueños etc.
Nada de lo que haré tendrá sentido alguno.
En resumen, hemos visto dos
grandes aspectos, en primer lugar, que Dios trabaja en todos los ámbitos de la
vida humana, y específicamente en la juventud (que es tema del presente
escrito), y en segundo lugar el por qué Dios quiere trabajar en el primer
aspecto ya visto.
Ahora bien, en perentorio
examinar la condición en la que se encuentra la juventud cristiana actual. Y
con mucho pesar hay que decir, que las noticias de esta última, no son muy
alentadoras. Al mirar la juventud cristiana de hoy, nos encontramos con una
triste realidad, y aparentemente pareciera ser que todo el proyecto que Dios
tiene para la juventud se ve desmoronado. Las consecuencias de la doble vida,
nos están pasando la cuenta. Las consecuencias de haber jugado con el pecado se
están dejando sentir, aunque de manera subrepticia, para mostrar y dar a notar
que todo marcha aparentemente bien.
El sistema mundo, con sus lazos
se ha encargado de atrapar a la juventud cristiana. Se ha enfocado en hundir,
en ahogar a los que son diferentes. Se ha direccionado en hacer tropezar a todo
joven que tiene a Cristo en su corazón. De distintas maneras, con una increíble
y diabólica astucia está tratando de hacer caer a todo el que confiesa ser hijo
de Dios. Los ejemplos son abismantes (Música, vestimenta, modos de pensar,
metas, panoramas, etc.) Resultados de esta operación, en su mayoría exitosos. ¿Qué nos está pasando?
Los tiempos son claros, la venida
de Cristo es inminente, todos los acontecimientos están preparando el escenario
para el rapto de la iglesia. Pero hoy más que nunca vemos como nuestros
hermanos caen, hoy más que nunca vemos como muchos reniegan de la fe, la
apostasía ha crecido de manera impresionante, hoy más que nunca vemos como
crece el rechazo hacia Dios, y hoy más que nunca vemos a una juventud
“cristiana” lejos de Dios, apática, insensible, dura, de doble ánimo, crítica de
la iglesia, altanera, sin temor a sus padres y sin temor a Dios. ¿Qué nos está pasando?
Nadie puede decir, que Dios no ha
bendecido a la iglesia. Eso sería negar las tremendas obras que Dios ha hecho
en favor de su pueblo, sería negar que Dios cumple sus promesas, y sería asumir
una posición autosuficiente frente a nuestro creador. Hoy en día las puertas de
acceso a la educación de abren de manera impresionante para los hijos de Dios,
lo que antes era impensado dentro de la sociedad, hoy es pan de todos los días:
“hoy todos los integrantes de una familia tienen acceso a la educación
superior”, y esto hace algunas generaciones atrás era algo inconcebible. De manera que podemos decir, que Dios sí ha
bendecido a la iglesia.
Sin embargo, a raíz de la mala administración
de lo que Dios nos ha dado, no hemos enfermado gravemente. Especialmente la
juventud que hoy disfruta y goza de estos beneficios. Resulta que hoy nos hemos
preocupados tanto en lo que tenemos, en lo que queremos llegar a ser, en las
proyecciones de nuestra vida secular, que de pronto y no sé cómo nos hemos olvidado
de lo en realidad somos: hijos de Dios. Hemos puesto de manera tan firme el
acento en la materialidad, en nuestros logros personales, en nuestras
proyecciones académicas -y que hasta cierto punto son legítimas- que nos hemos
olvidado de la parte fundamental, de pensar que sobre todas las cosas somos
siervos de Dios; de entender que como hijos de Dios tenemos un llamado
diferente; y de saber que nuestra única proyección debe ser la que está del sol
más allá.
Si hoy en día nos miráramos como juventud ¿qué es lo que vemos? ¿estaremos agradando al señor? ¿mi servicio a Dios, es como corresponde? ¿en qué ponemos el acento cuando servimos al señor? ¿en la actividad o en la entrega? ¿en lo que hacemos o en lo que somos?
¿Qué
nos está pasando?
Creo firmemente que la respuesta
se encuentra en la misma palabra del Señor, en el libro de apocalipsis, en el
mensaje a las iglesias. ¡Ahí está la respuesta! Nos muestra en la triste
condición en la que estamos. Siento que muchas veces estamos tan lejos de Dios,
a pesar de las diversas actividades que tenemos, estas no parecen suficientes
para acercarnos a Dios. Hay algo que nos falta, hay algo que hemos perdido.
Tenemos tantas cosas que nuestros padres y abuelos no tenían en el pasado,
hemos logrado aparentemente grandes hazañas. Pero no es suficiente. Hay algo
más que necesitamos, nuestro espíritu gime con gemidos indecibles, anhelando
algo mayor. Algo que no se consigue llenándonos de actividades o
entretenciones, algo que no se consigue con solo ir una vez en la semana a la
iglesia, o con solo orar en el culto, algo que no se consigue con el simple
hecho de cumplir por cumplir. ¡NO!
¿Qué
nos está pasando?
Hay algo mayor que Dios nos tiene
reservado, pero esto solo lo conseguiremos de una manera. Con una antigua clave
que parece haberse olvidado, con una receta infalible, con la antigua regla de
oro: las rodillas postradas en oración. De la única manera que podemos enmendar
nuestro camino es volviéndonos al Señor, pero ya no sirve venir saltando con
orgullo, o venir corriendo con arrogancia, o venir caminando como de costumbre.
Debemos volvernos al señor, PERO DE
RODILLAS, que nuestras lagrimas puedan regar los pies del maestro
suplicando misericordia, que nuestras palabras sean de humillación y arrepentimiento
y suban como un perfume agradable ante la presencia del Señor. Eso es lo que
necesitamos, volvernos a Jehová, escudriñar nuestros caminos, y darnos cuenta
cuan errados estamos, darnos cuenta cuán lejos estamos a veces del Señor. Si
hoy día estamos en pie es solo por la misericordia y bondad del Señor.
Cuando vemos en los evangelios aquel
paralitico que miró a Pedro y Juan, ¿Qué vio en ellos? Sin duda, vio el poder
de Dios fluyendo a través de sus vidas. Estos dos simples y vulgares
pescadores, que en otro tiempo eran humildes hombres de pesca, ahora eran
hombres que estaban llenos del poder de Dios.
Ahora bien, si hoy en día como
juventud que somos, nos tocara ver a un hombre paralitico, ¿qué vería él en
nosotros? ¿un buen título académico? ¿un buen trabajo? ¿un buen auto, una casa
confortable? ¿un buen pasar económico?, y eso, ¿nos servirá de algo? De nada
nos servirá si no estamos en la condición que Dios nos exige. Saldrán palabras
sin contendidos de nuestros labios, nuestras expresiones serán vacías, sin
gracia y sin poder de Dios. ¿Qué nos está pasando?
Hoy más que nunca es necesario
darnos cuenta de nuestra triste realidad y levantarnos de una vez por todas….
continuará…
20/04/16
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